Embriaguez

Danzan bajo las luces de una ciudad que les ha visto llegar cargados de sueños y esperanza,

con la lluvia mojando sus pestañas y la voz ronca de cantar a pleno pulmón.

Y borrachos, riendo, se empujan por las carreteras poco concurridas;

cuentan anécdotas y mencionan a algún amor pasado ya olvidado.

Brindan con cerveza con el frío en los labios y entre las costillas,

con la humedad de Noviembre rodeándoles

y las mejillas enrojecidas.

Y aunque su visión es borrosa y sus pasos parecen los de un niño aprendiendo a caminar,

sueltan el aire y despreocupados olvidan todo aquello que les hace daño.

Aunque sea un instante.

Aunque sea por hoy.

En carne viva

” Nos sentimos irresistiblemente atraídos por quien va a traernos los problemas que necesitamos para nuestra propia evolución. ” – Alejandro Jodorowsky

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Hoy me han dicho que te olvide, y no ha sido la primera vez que he escuchado esas palabras esta semana. Probablemente tampoco sea la última.

 Es fácil decir algo así cuando no han sido ellos quienes te han tenido como abrigo durante tantos meses, aún más fácil pronunciar tales vocablos si no han sido ellos quienes han quedado desnudos y desprotegidos en un hastío Agosto que hasta se me ha antojado frío sin ti.

No es fácil sobrevivir estando en carne viva, soy presa fácil de cualquier leve recuerdo de tu presencia.

No es fácil llevar semanas sin saber de ti, sin escuchar tu risa ahogada. Con la eterna ansia de saber dónde estarás y quién tendrá la suerte de estar compartiendo un momento contigo.

Sé que voy a seguir escuchando esa frase durante mucho tiempo más. Que te olvide. Que merezco algo mejor. No es nada que no sepa, pero siempre he tenido un corazón un poco masoca que disfruta queriendo algo que sabe que le destruye.

Inestable

Cada última vez juro que no volveré, y entonces te veo y olvido cualquier pensamiento lógico.
Araño los recuerdos que me quedan de ti.
He dejado de contarme las taras para pasar a contar los días que llevo durmiendo con tu sombra.

Todo es insípido y volátil, un sinsentido, una tragicomedia en la que soy yo quien se deja caer (desde tus hombros), y abajo únicamente me espera la agonía de tu ausencia, que parece que se ríe de mí, como si no tuviera suficiente con esta voz interna que me grita y hace que me vibren las costillas.

Camino sobre un alambre desde que no estás, y aunque cada paso es un juego vis a vis con la muerte, me permito un descanso para soltar en un suspiro los restos de los besos que se esconden bajo mi lengua, y observo lo que me rodea; las vistas son bonitas.

Por primera vez en meses no pienso esto mientras te miro a los ojos.

Tal vez sea el primer paso para finalmente dejarte ir.

No te vayas

ojalá pudiera detener el tiempo cuando me miras, cuando le ríes al viento y cuando me haces rabiar como una niña pequeña para después comerme a besos.

me has enseñado a vivir cada momento contigo como si fuera el último sin saberlo, por el miedo que me aprieta el pecho al pensar en que puedas irte.

quiero seguir escuchando tu voz cuando me llamas de madrugada, fundirme en tus brazos y embeberme de tu olor; quiero que sigas protagonizando mis escritos sin saberlo, que me sigas haciendo reír como solo tú sabes durante mucho más tiempo.

 

No te olvido

No consigo olvidarte, ni a ti ni a tus ojos verdes coronados por largas pestañas que volaban bajo esas pobladas y despeinadas cejas oscuras. Y es que podría decirse que ibais de la mano, que me sedujisteis ambos por igual. ¿Como sucumbir a esa mirada?

Sentirme su epicentro creaba una sensación indescriptible en mí. Me veías. La sonrisa confirmaba. La piel se me erizaba.

Ahora sigues observándome, pero de forma diferente. Todo ha terminado. Y yo soy incapaz de frenar este juego, porque me haces sentir como una niña pequeña cada instante que te observo mirándome.

Si alguien vislumbrara desde fuera la escena se preguntaría por qué ninguno habla, da otro paso; porque nadie sabe que ya dimos cientos de ellos, todos sobre un fango que terminó por hundirnos a ambos. Y ahora que he conseguido salir con escasas secuelas de aquella caída, tú vuelves a mirarme y me replanteo todo lo que nunca había supuesto una mínima duda para mí, incluso busco en tus labios una leve inclinación que me indique que el hielo entre los dos ya no existe, que estamos en tregua.

Detesto encontrarte en cada canción que escuchábamos y cantabas con tu ronca voz cada noche de otoño cuando me acompañabas hasta mi portal y me besabas abrazándome y quitándome el frío de dentro y de fuera.

Aborrezco percibir tu olor únicamente tras tu sombra cuando pasas frente a mí, y no en mi ropa.

No te echo de menos, pero no te olvido.

Mi cuerpo tampoco se hace a la idea de que no estés, y tiembla cada noche buscando tu tacto, tu roce, tu simple presencia a mi lado.

 

¿Estás perdido?

Tal vez hayas decidido entrar a leer esta entrada porque te ha llamado la atención su título. Es una pregunta directa y al leerla probablemente te hayas respondido automáticamente.

¿Estás perdido? ¿Sabes quién eres?

A menudo la rapidez de nuestro día a día nos priva de tener un breve instante con nosotros mismos, para reflexionar y conocernos. Y es que somos unos completos desconocidos.

Últimamente no he tenido mucho tiempo para dedicar a las cosas que más me llenan, la principal de ellas escribir. Estoy agobiada por el instituto y he perdido la motivación. (Es obvio que un sistema educativo que te hace sentir así tiene graves fallos, pero ese tema me ocuparía al menos otras cinco entradas).

Quiero centrarme en lo mucho que nos alejamos a veces de nosotros mismos únicamente por aportar algo al sistema, simplemente porque es lo que nos han dicho que debemos hacer.

Vivimos para trabajar, nos quieren como autómatas que ofrezcan algún tipo de beneficio a la sociedad, principalmente económico. ¿Y dónde quedan las cosas intangibles? ¿Dónde dejamos los sueños que teníamos de pequeños, las aspiraciones, las ganas de vivir aventuras y ser feliz? Terminamos por perdernos entre la muchedumbre y acumular logros que van a desaparecer cuando nosotros mismos nos vayamos. No dejarán huella como puede hacerlo un recuerdo con un ser querido o la realización de un objetivo que siempre hayamos querido conseguir.

Hace unos días tuve esta conversación con mi madre, y le dije que yo no me sentía parte de esto. Que no me veía en un futuro trabajando cada día en lo mismo, viviendo hundida hasta las orejas en la monotonía.

Le dije que me atraía la vida bohemia, del artista que vive con lo justo que consigue a base de vender, quizás, cosas hechas a mano por él.

Ella me dijo que eso era vaguería, y no estoy ni mínimamente de acuerdo.

¿Soy perezosa por no querer formar parte de la vida que otros han escrito para mí?

Por supuesto, la idea es tal vez algo utópica, aunque quizás influye el miedo de ir a contracorriente y arriesgarse a hacer algo que no sabes con certeza si funcionará.

Mi madre cree que tengo esta mentalidad porque estoy en esa etapa de la terrible adolescencia en la que dudo de todo, pero realmente a nuestra edad tenemos las cosas más claras de lo que los adultos podéis creer.

Porque conservamos esa mentalidad que denomináis utópica, ese inconformismo vital y las ganas de cumplir todo lo que tenemos en mente, y que con el tiempo va lijándose y perdiéndose.

¿Estás perdido?

Viaja, escucha música nueva, descubre nuevos lugares en tu misma ciudad, crea, pasa tiempo con esas personas que hacen que las horas parezcan segundos y dedica un momento de cada día a analizarte y hablar contigo mismo.

Tal vez estés a tiempo de recuperar esa parte de ti que quieren arrancarte.